Sara
noviembre 18, 2009
2
A Tatiana no le gustaba la idea. Sara estaba empezando a ponerse pesada, y todos sabían lo que pasaba en esas situaciones. Y todos sabían que normalmente nada se podía hacer, por eso no le gustaba la idea. En cualquier momento Sara podía ir, separarla bruscamente de Camilo y comenzar una pelea sin sentido. Lo mejor era dejar de bailar. Además, cuando Sara empezaba a vomitar, quería decir que las cosas estaban a punto de explotar. Se acercó a la oreja de Camilo.
— Estoy cansada — sus ojos cruzaron con la mirada desviada pero furiosa que le dirigía Sara.
— Sí, yo también.
Juan miró a Tatiana como pidiendo ayuda. Él también lo sabía. La canción termino y se sentaron.
Ahora si estoy borracha Sara sabía que iba a tener algo con Camilo esa noche, costara lo que costara. Lo iba a hacer con Camilo esa noche, y nadie pordía hacer nada para evitarlo. Se mordió el labio de modo que Camilo la viera. A estas alturas ya no importaba si se daba cuenta de su desesperación, él también estaba tomado. Camilo le devolvió una sonrisa, y Sara pudo darse cuente de que los demás se miraron entre sí. Juan estaba en el baño, de modo que había una silla vacía, al lado de Camilo. Sara se sentó ahí.
— ¿Cómo la estas pasando?
— Se podría decir que bien, — a Sara le encantaba la manera en que Camilo decía una ironía — ¿y tú?
— Del putas.
Tatiana empezó a perder el control de sus ojos. Se había acabado el último trago de ron ella sola, y sentía que empezaba a hacer efecto. Lo último que vio fue a Sara y Camilo hablando airadamente. De pronto alguien le tocó la espalda.
— ¡Tati! Te hemos llamado por casi diez minutos, pensamos que estabas muerta, qué susto.
— ¿Dime?
— Ya nos vamos, cerraron la discoteca.
Tatiana duró un momento en digerir la situación. La última vez que vió su teléfono celular para saber la hora estaba bailando con Camilo, y eran las once y media de la noche. No podía creer que se hubiera dormido todo ese tiempo, de todo lo que se había perdido. Caminó tambaleándose hacia la salida a reunirse con el grupo.
— ¿Dónde están Sara y Camilo?
— En la casa de Camilo — Juan sonaba gangoso y despreocupado, lejano — se fueron hace como una hora y se llevaron el ron.
— ¿Cuál ron?
— Compramos otra botella, Laura tenía plata.
Tatiana dudó un momento, luego se decidió a decirlo.
— Vamos a la casa de Camilo.
— ¡¿Cómo?! Tú sabes lo que esta pasando en esa casa, no vamos a ir a molestar — a diferencia del resto, Laura parecía totamente sobria.
— Es que me preocupa Saris. Yo se que Cami no es un mal tipo pero — dudó de nuevo.
— ¿Pero?
— Tu no has tomado nada, ¿cierto?
— No puedo, acuerdate.
— Cierto.
— ¿Pero…?
Pero Tatiana había decidido quedarse callada. Después de todo, lo que iba a decir no tenía mucho sentido.


